VEGETARIANISMO Y VEGANISMO

El vegetarianismo y veganismo, son estilos de vida que optan aquellas personas que tratan de excluir la carne, pescados y algunos derivados de su dieta. Normalmente, esta situación va relacionada o influenciada por buscar el bienestar animal, el respeto por las prácticas ganaderas y el medioambiental en general. Además, no solo se reduce a la alimentación, suele acompañarse de un estilo de vida más amplia: ropa respetuosa, reciclaje, uso de materiales libres de pesticidas que pueden afectar al ecosistema, transportes más limpios, entre otras.

Ambos términos están relacionados, ya que tienen fines comunes y coinciden en la exclusión de los animales, pero hay matices entre ambos.

Vegetarianismo

Excluye en la dieta la carne de cualquier animal y por tanto, los pescados, pero según criterio individual puede incluir algunos derivados como los lácteos, los huevos o la miel. Si alguno de estos grupos son introducidos, podemos hablar de subgrupos, como serían los ovolactovegetarianos, que incluyen huevos y lácteos, y los lactovegetatarianos, sólo incluyen lácteos pero no huevos.

En algunas ocasiones, incluyen los pescados y sólo excluyen las carnes, son minoría pero sería el caso de los piscivegetarianos.

Veganismo

Es un concepto más amplio, ya que se basa en principio éticos más estrictos. Es un estilo de vida que contempla eliminar de su vida cualquier forma de explotación o crueldad animal. Por ello siempre implica la eliminación de animales y derivador de la dieta, pero también de otros ámbitos, como el cuero, la piel o seda de diferentes tejidos o materiales.

En ambos casos, se han hecho estudios poblacionales, y se ha visto que la eliminación de estos productos tiene diferentes repercusiones. Por ejemplo, se ha visto mejoras en la salud cardiovascular y también reducción del impacto ambiental, pero por otro lado, en ambos casos es necesaria la suplementación de ciertos nutrientes.

Ventajas:

– Mejora de la salud: normalmente son dietas más bajas en grasas saturadas o grasas trans, por lo que mejora la composición corporal y también el perfil lipídico (colesterol, triglicéridos…). Esto ayuda a reducir el riesgo de enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2 y algunos tipos de cáncer.

– Control de peso: como se ha comentado, al ser dietas, normalmente, más bajas en grasas, permiten controlar mejor el peso corporal y por tanto reducir la incidencia de obesidad.

– Mejora de la digestión: suelen ser dietas ricas en grasas saludables y fibra, lo que favorece el tránsito intestinal y la microbiota está más poblada y nutrida.

– Beneficios ambientales: es sabido que la producción de alimentos de origen animal tiene un alto impacto ambiental. Seguir una dieta con menos contenido animal puede ayudar a reducir la huella de carbono y el uso de recursos naturales como el agua.

Inconvenientes: 

– Planificación dietética: este tipo de alimentación requiere una planificación extra, que en muchas ocasiones debe estar supervisada por un dietista o nutricionista, que puede carecer de ciertos nutrientes como la vitamina B12, hierro, omega-3 y calcio, ya que éstos normalmente se encuentra más en alimentos de origen animal.

– Deficiencias nutricionales: actualmente, el hierro de origen vegetal se sabe que tiene más disponibilidad de la que se pensaba, aunque sigue siendo mayor en el caso de origen animal. También es posible obtener calcio y omega 3 de origen vegetal, pero lo que sigue siendo indiscutible es la necesidad de suplementación, tanto en veganismo como vegetarianismo, de vitamina B12. ¿Por qué? Los requerimientos no llegan a ser cubiertos sin alimentos de origen animal, y además, las consecuencias de un déficit son de mayor gravedad. Es por ello, que cualquier profesional de la salud va a recomendar su suplementación en ambos estilos de vida.

– Riesgo de dietas poco saludables: aunque como hemos explicado, suelen ser dietas más saludables por la reducción de grasas saturadas y trans de origen animal, no quiere decir que una dieta mal planificada también lo sea, ya que igualmente hay productos ultraprocesados que pueden ser veganos pero poco saludables, o altos en azúcares. Además, se debe prestar especial atención, en no abusar de harinas o hidratos refinados ya que pueden afectar también a la salud.

– Percepción social: en ocasiones, la sociedad pone a prueba a las personas que quieren seguir estos estilos de vida, con presión social, aislamiento o falta de aceptación. Puedes dificultar la integración, aunque actualmente está más valorado socialmente que hace años.

En el mercado, encontramos gran variedad de alimentos y productos que pueden ayudarnos a sustituir los productos animales. Según el consumidor, se pueden buscar alternativas que simulen los productos cárnicos, como la hamburguesas o los quesos vegetales, o simplemente productos funcionales con mayor aporte de nutrientes, como el tofu, el tempeh o el seitán.

Además, la variedad vegetal es muy amplia, ya que aparte de verduras y vegetales, se da un mayor uso a legumbres y cereales que normalmente no se consumen con tanta regularidad, como la quinoa, el mijo o el teff, pudiendo hacer una dieta muy variada y perfectamente planificada.

Adoptar una dieta vegetariana puede ofrecer numerosos beneficios para la salud y el medio ambiente, pero también requiere una planificación cuidadosa para evitar deficiencias nutricionales.

Si estás pensando adoptar alguno de estos estilos de vida, recordarte que es fundamental educarse y documentarse sobre cómo equilibrar la dieta, dejarse asesorar por profesionales de la salud y suplementarse, mínimo de vitamina B12 y también de aquellos nutrientes que fueran necesarios.

Lo importante es buscar una forma de vida que vaya acorde con nuestros ideales, y que tenga como fin nuestro bien tanto de salud como mental.